Archive Category: Delito sinonimos

Putas cerca de mi mujer protituta

putas cerca de mi mujer protituta

La cuestión clave es que somos profesionales del sexo. Esto incluye a mucha gente, sin distinción de género: Para mí no es importante. Una etiqueta sólo es una etiqueta. Sé que a otra gente le parece relevante, pero a mí no. Yo siempre me he sentido empoderada y haber trabajado como prostituta ha forjado mi autoestima. Estoy muy segura de mí misma. Pero al mismo tiempo, he vivido muchos años el estigma de ser puta.

Yo me eduqué en una escuela católica privada… Siempre me incomodó explicar a mi entorno social que era trabajadora sexual, pero nunca lo oculté porque me di cuenta de que me empoderaba decirlo. También ha influido en mis parejas, a las que nunca se lo he ocultado. A la mayoría de los hombres les da miedo. A los tíos les cuesta aceptar que su pareja sea prostituta. Al principio me sentía muy sola.

Eso es lo peor de ejercer la prostitución: Tenemos un cliché marcado. Yo reniego de ese cliché y de otros: Yo llevo trabajando en esta profesión y en otras 30 años. Siempre he trabajado como prostituta. Tengo cotizados 28 años a la seguridad social y ha sido un complemento. Otro estereotipo que hay que romper es el de los clientes: El estigma puta es alimentado por numerosas instituciones y convenciones sociales.

Parte de no querer reconocer el derecho de autodeterminación de cada individuo y, en concreto, el derecho a disponer del propio cuerpo de la mujer.

Porque el estigma se da en las mujeres, del estigma masculino no se habla, es una gran realidad silenciada. Ahora bien, en mi caso el estigma que me ha marcado ha sido el de ser trans.

Cuando fui capaz de superar aquel, el estigma de ser puta me dio bastante igual. Creo que esto es algo habitual en las trans. Hay muy pocas excepciones, la mayoría no desempeñan puestos de responsabilidad , trabajan como putas. Si al ser trans le sumas ser emigrante, no hay duda: A la mayoría de las compañeras trans que entran legalmente en Europa como turistas las paran en el aeropuerto porque son putas. Las trans, al parecer, no tenemos el derecho de viajar para ir de vacaciones. Evidentemente, me siento libre.

Se entra por necesidades lógicas, que son económicas, y yo he tenido la suerte de vivir en un ambiente amable, nada hostil. La mayoría de la gente, cuando entra en una empresa con 20 años, es becaria… Nosotras con 20 años somos directivas de una empresa que gana muchísimo dinero.

Cuando llegamos a los 50 nos convertimos en el felpudo de la empresa… Es lo inverso al proceso de la mayoría de la gente. Sí, es un oficio que he elegido libremente, que me ha aportado muchas cosas buenas y que me gusta. Si no, no lo ejercería. Al contrario de lo que muchas personas creen, soy yo quien pone las reglas y quien controla la situación. Decir que todas las prostitutas somos víctimas de trata es una mentira que invisibiliza a quienes ejercemos libremente y es un gran error si realmente quieren detectar y ayudar a las verdaderas víctimas.

A mí nunca me gustó ser prostituta; en mi caso ha sido una imposición cultural que tiene que ver con el machismo, el patriarcado y la construcción social. He intentado crecer dentro de mi trabajo. Actualmente es terapeuta y sexóloga. Puede ser que no represente la experiencia de todas las prostitutas, pero merece la pena leer al completo la carta. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello.

No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira.

No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí.

Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír.

Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Pero los compañeros de trabajo no saben nada de mi pasado porque luego no te toman en serio. Pese a que a lo mejor algunos se muestran tolerantes con las prostitutas cuando tienen una delante es distinto y empiezan a tener vergüenza. Si hablan de forma general sobre la prostitución hay gente que es tolerante pero si una hermana o una vecina es prostituta ya no lo es.

Y eso es lo que me perturba. Las prostitutas pueden ser mujeres inteligentes y no tienen porque ser adictas a la droga. Al principio no tenía experiencia con prostitutas y tenía miedo de las mujeres que iba a conocer. También tenía la idea de que muchas mujeres probablemente se drogaban o tenían chulos que les pegaban y le cogían el dinero.

Esto en general no es así. Lo que nunca habría pensado es que hubiera tantas mujeres corrientes que hacen este trabajo como madres o mujeres que entre semana tienen un oficio y los fines de semana trabajan como prostituta para mejorar su situación económica. Otras mujeres contaban que algunos clientes las habían amenazado con un arma pero a mí nunca me pasó. La mayoría de los burdeles donde trabajé los gerentes eras mujeres.

Seguro que hay influencias de mafias en algunos sitios pero en mi experiencia no.

Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo.

Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda. Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta". Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución.

Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos. Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad. Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. Y por eso lucho con todas mis fuerzas contra esa violencia que es la prostitución.

Hay que educar a los niños contra la prostitución en los colegios, en primaria y en secundaria, en las universidades… Sólo así conseguiremos que los niños no se conviertan el día de mañana en prostituidores y que a las niñas no las conviertan en putas.

En primer lugar nuestros gobernantes. Una puta es el resultado de las políticas de quienes nos gobiernan. Si se cumpliera con el derecho a una vivienda, a la salud o a un trabajo, no habría prostitución. Si una mujer tuviera esos derechos, no sería puta.

Las agencias internacionales como el Banco Mundial que insisten en calificar a las putas como trabajadoras sexuales. En la prostitución se dan todos los síntomas del campo de concentración: Si los varones dejaran de ir de putas, esto se acabaría. La prostitución no se elige con libertad. El proxenetismo y la trata de personas son delitos, y como tales deben perseguirse. La plata recaudada iría a un Fondo Nacional de Atención y Apoyo a Personas en Situación de Prostitución que se crearía tras la aprobación de la ley.

Charlamos con diez chicas del barrio Santa Fe, dos que trabajan itinerantes en Chapinero y contactamos por teléfono a una de las integrantes del colectivo Furia Diversa y Callejera que, entre otras, trabaja con la creación de redes de apoyo entre trabajadoras sexuales y hace activismo político por sus derechos.

Empezando porque, de las chicas del Santa Fe, apenas una conocía de la existencia del proyecto de ley radicado el viernes pasado. También me recordaron que, a diferencia de la imagen general que suele estructurar estos proyectos de ley, las formas como se ejerce el trabajo sexual son diversas: Estas son las cinco grandes preocupaciones de este grupo de mujeres frente a la posibilidad de que multen a sus clientes y los efectos colaterales que podría conllevar el proyecto de ley:.

Como dice Josefa, que lleva dos años trabajando como prostituta: Nos joden es a nosotras. Esa preocupación, compartida por casi todas, empieza con la incertidumbre sobre qué otras alternativas laborales reales habría para las mujeres que dependen del comercio sexual para sobrevivir. Laura, de Furia Diversa y Callejera, lo condensa con contundencia: El proyecto de la representante Rojas parte de otra premisa: Pero, la pregunta queda abierta: Y esa es la sensación general de todas: De hecho, dos dijeron que les preocupaba que por esa multa el negocio terminara volviéndose clandestino y con cada vez menos regulaciones.

Laura lo resume así: Nadie piensa en la demanda real de sexo. Esta es la gran preocupación de todas: Cómo le van a comprobar a usted, con evidencias, que a usted se la estaban comiendo.

Mariela, una compañera suya, lo reforzó con risas: Los mecanismos de control sobre todas las actividades sexuales que multaría la ley, de ser aprobada, todavía son inciertos. Sino que van a decir: Lo sabe Cristina, que ejerce su trabajo de forma itinerante en diversos puntos de Chapinero: Y Juliana, otra de las chicas del Santa Fe, lo enuncia de forma muy cruda: Como si no culiaran.

Siempre he intentado que sea bonito y he tenido la suerte de encontrar a gente bonita. Yo tenía 11 años y no sabía nada. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Nadie trabaja libremente en un contexto capitalista. El Tribunal Supremo ha ratificado en marzo la sentencia que absuelve a todos los proxenetas sabiendo que maltrataban, vendían mujeres, las obligaban a trabajar 24 horas, las encerraban… Y aquí no pasa nada. La corrupción no es normal. Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual.