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Chantal —nombre ficticio—, camerunesa, habita desde hace siete meses junto con sus hijos y decenas de subsaharianos en Bolingo, uno de los campos. Habla en un lugar seguro de Nador. La policía viene todo el rato. En una redada, me llevaron a Rabat y después volví. Que no hay comida todos los días, pero que lo poco que consigue, lo guarda para sus hijos, de seis y cuatro años, que hoy la acompañan.

El sueño de mi vida es que mis hijos coman, duerman y vayan a la escuela. Que tengan las oportunidades que yo no he tenido. Chantal espera ahora su oportunidad para cruzar el Estrecho en una balsa hinchable. Dice que la presencia de redes y abusos en los campos es un secreto a voces, pero asegura que ella no tiene nada que ver con todo eso.

Les cambia la cara y se dan media vuelta. Las que llegan en patera a Melilla o se cuelan camufladas por la frontera, acaban en el centro de inmigrantes. Sólo en , hasta 59 mujeres fueron trasladadas del CETI a la Península por violencia de género o trata. Los indicios de la explotación sexual se acumulan en las estrecheces del centro de inmigrantes. Es frecuente, por ejemplo, que al minuto de llamar a una mujer por el altavoz para que acuda a las oficinas, el hombre que la vigila se presente para ver qué pasa.

Las mujeres tratan de ocultarlos, pero en ocasiones, cuando hay hemorragias, acaban inevitablemente en la enfermería. Uno de los problemas es que muchas subsaharianas llegan en patera directamente hasta las costas andaluzas sin pasar por un centro de inmigrantes. En cuestión de días, las recién aterrizadas en la Península desaparecen del radar de las ONG y los servicios sociales. Se convierten en invisibles. Ya en manos de la sucursal mafiosa española, la mujer se prostituye a la fuerza durante años, bajo la estrecha vigilancia de sus captores, para pagar la deuda contraída en el camino: La red española contra la trata de personas estima que entre Organizaciones como la Comisión de Ayuda al Refugiado de Euskadi, que recientemente ha visitado Melilla, piden que se considere la trata de personas con fines de explotación sexual como causa de asilo sin que tenga que mediar una denuncia.

En su opinión, las leyes y medidas nacionales no bastan. El problema es que las mujeres del camino callan, no denuncian. Sin denuncia de por medio y con las leyes actuales, ve difícil que se pueda ofrecer protección a estas mujeres. Este policía sostiene que ha habido progresos importantes en materia penal y explica que ahora hay un nuevo plan nacional contra la trata, pero también le sorprende la pasividad de la ciudadanía ante este tema.

Nador 18 JUL - Ampliar foto Una subsahariana que ha pasado siete meses en un campo de Marruecos. Santi Palacios Una mujer negra, con un vestido corto naranja fluorescente, se sujeta con las manos el vientre hinchado mientras descansa sentada en la sala de embarque del puerto de Melilla. La trata de personas trae a unas La trata de mujeres y niñas nigerianas: Pueden ser familiares, vecinos, pastores de la iglesia o funcionarios.

La mujer que se encarga de la explotación de la víctima en el destino. Selecciona a las mujeres en origen y adelanta los gastos de transporte. Melilla forma parte de la zona del Rif, dominada por el Estado español, en la que la transición a la democracia del 76 parece que casi no ha tocado. Legionarios y muchos otros cuerpos de seguridad se pasean orgullosos cómo sí fuera el patio de su casa. No los reconocen como miembros de plena ciudadanía, ni el Gobierno español ni el Reino de Marruecos.

Pero también hay historias familiares muy interesantes y complejas como la propia historia de un compañero activista pro derechos humanos, nieto e hijo de madre y padre nacidos en el Rif Rif para los autóctonos, y Melilla por España , que recibió su DNI español cuando tuvo cumplidos los 18 años, porque su familia no quería el DNI español ni tampoco el pasaporte marroquí, porque son rifeños. Su bisabuelo, que regentaba un restaurante en Melilla la Vieja, en los años 20 había sido miembro de las tropas rifeñas de liberación junto a Abd el-Krim.

Quieren ser lo que son: La ciudad autónoma de Melilla recibe subsidios masivos de España. Tiene un presupuesto anual de millones de euros. Muy a menudo estallan casos de corrupción y la sensación es de continuismo político. Las personas que no cumplen los requisitos, y las cuotas, siguen malviviendo en la ilegalidad dentro de este reino.

No hay centros de acogida en Marruecos. Sin olvidarnos de que hay acuerdos con España para frenar la entrada de inmigrantes por la Frontera Sur. El gobierno de Marruecos niega que existan estos campamentos. Y parece que incluso quieren hacer de ese lugar un espacio turístico. Ya no hay inmigrantes. Hay ONGs que hacen una crítica muy cuidada al rey, nada peligrosa, y son optimistas con el trabajo hecho y la voluntad real para solucionar los problemas de inmigración en el país.

Muchas de estas repatriaciones se realizan apaíses en estado de guerra. Se juega con la desesperación humana. Marruecos todavía no ha aprobado la Ley del Refugiado pero tiene acuerdos con España y ACNUR y no puede dar la tarjeta roja de asilo, sólo puede entregar un certificado. Es otra frontera dentro de las fronteras. Es un lugar inaccesible para cualquier persona que no sea víctima de este infra-mundo.

Los jefes de los campamentos son hombres y hay africanos y europeos. Queman todo lo que encuentran en los campamentos, golpean los habitantes del monte y como colofón, los meten en un barco o autobuses y los envían hacia el sur de Marruecos, donde los abandonan para reiniciar su viaje de vuelta a la pared ensangrentada y magullada de Europa.

La estrategia de la policía es ralentizar el viaje hacia Europa e invisibilizar a estas personas. Las víctimas ahora desplazadas tardan meses, y algunas personas incluso años, para poder volver a la frontera sur. Una madre que ya no podía seguir el viaje a pie hacia Europa, que deja a su bebé en la carretera por falta de alimentos y agua… En la penumbra de la noche una patera que navega lentamente, se escuchó la embarcación de la guardia marítima muy cerca, y el jefe de la patera coge al bebé que llora y lo lanza al agua, porque su llanto los descubre….

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EFE Melilla prostitutas en barbastro prostitutas villaverde feb. El auto del juez Emilio Lamo de Espinosaal que ha tenido acceso EL MUNDO, apunta a que las diligencias tratan de dilucidar la posible existencia de hechos que "pudieran ser constitutivos de un delito contra la libertad e indemnidad sexuales delito prostitutas melilla prostitutas autonomas a la prostitución y a la explotación sexual y corrupción de menoressin que se descarten otros". Los dos policías quedaron en libertad con cargos, aunque la Jefatura Superior de Melilla ha pedido para ellos la suspensión de funciones.

El objetivo era ir a oír la voz de quien sufre todo tipo de restricciones e injusticias en la frontera sur de España. La frontera Melilla — Nador — Fortaleza de Europa Al llegar al Reino de Marruecos, de golpe, hemos visto la realidad de la pobreza económica de Nador, que tiene una economía sumergida totalmente dependiente del mercado ilegal con España, precisamente con la Ciudad Autónoma de Melilla.

Miles de contrabandistas marroquíes cruzan diariamente la frontera sur y compran mercancías vídeos, latas de Coca-Cola, bebidas energéticas, etc. Hay que ser fuerte para poder transportar a la espalda mucha carga. Se puede sacar entre 10 y 15 euros al día. Las dos policías de cada lado de la frontera pueden confiscar toda la mercancía, el contrabandista se la juega de lunes a jueves a las Puertas de Beni Enzar, Farhana y Barrio Chino.

La policía marroquí pide a la chica que enseñe la bolsa y, mientras tanto, la mujer mayor corre casi a cuatro patas y atraviesa la frontera. La muchacha joven era la trampa. Con gritos, la chica joven resiste el ataque del policía, que la coge por el brazo y de manera muy violenta le grita. Finalmente, ella se escapa. Nosotros nos habíamos puesto al lado de la chica, que chillaba, para darle apoyo, y entonces el policía la soltó entre risas.

Todo, con una normalidad espantosa. Los vecinos y vecinas de Nador, para ir a Melilla a trabajar no hay muchas otras opciones , deben pasar por el control de fronteras marroquí y español. Tienen un pase y un pasillo especial para cruzar la frontera, pero igualmente pueden llegar a tardar horas para poder atravesarla. En los balcones de las casas de Melilla ondeaban banderas españolas en un ambiente festivo para mucha gente de Melilla.

En la calle se sentían canciones que venían de altavoces de las fiestas de la Legión Española, la de Franco, la de la estatua perpetua, que promovían la Carrera Africana. Melilla forma parte de la zona del Rif, dominada por el Estado español, en la que la transición a la democracia del 76 parece que casi no ha tocado.

Legionarios y muchos otros cuerpos de seguridad se pasean orgullosos cómo sí fuera el patio de su casa. No los reconocen como miembros de plena ciudadanía, ni el Gobierno español ni el Reino de Marruecos. Pero también hay historias familiares muy interesantes y complejas como la propia historia de un compañero activista pro derechos humanos, nieto e hijo de madre y padre nacidos en el Rif Rif para los autóctonos, y Melilla por España , que recibió su DNI español cuando tuvo cumplidos los 18 años, porque su familia no quería el DNI español ni tampoco el pasaporte marroquí, porque son rifeños.

Su bisabuelo, que regentaba un restaurante en Melilla la Vieja, en los años 20 había sido miembro de las tropas rifeñas de liberación junto a Abd el-Krim. Quieren ser lo que son: La ciudad autónoma de Melilla recibe subsidios masivos de España.

Tiene un presupuesto anual de millones de euros. Muy a menudo estallan casos de corrupción y la sensación es de continuismo político. Las personas que no cumplen los requisitos, y las cuotas, siguen malviviendo en la ilegalidad dentro de este reino.

Es parca en palabras. Antes malvivió en uno de los bosques que rodean la ciudad marroquí de Nador, donde se quedó embarazada. Su vigilante, también nigeriano, se presenta con cara de pocos amigos y da la charla por terminada. Él controla sus movimientos. Ellas, salvo contadas excepciones, acceden al territorio español en patera o camufladas en coches por los pasos fronterizos. Las rutas que trazan las redes mafiosas son conocidas.

También lo son la ubicación de los campos marroquíes en los que esperan para cruzar a Europa y los polígonos industriales españoles en los que las mujeres se prostituyen a la fuerza. El gran interrogante es cómo es posible que, con este grado de conocimiento, no se pueda proteger a estas mujeres de agresiones y delitos tan previsibles.

Para algunos expertos, parte del problema radica en unos mimbres legales aferrados a las fronteras nacionales y que no bastan para combatir fenómenos transfronterizos como la trata de personas. Sobre el terreno, las evidencias abundan.

Antes pasó dos años en Maghnia Argelia , trabajando para los jefes de las redes de trata de personas, hasta juntar el dinero y poder pagar el peaje para cruzar de Argelia a Marruecos. Pero en Níger les dicen que hay que ir hasta Argelia primero. Cuenta John que en la travesía hay mujeres de distintas edades.

Desde menores hasta de 30 años. Dice también que algunas se arrepienten pero que no tienen cómo volver. Y que otras albergan todavía la esperanza de una vida mejor en Europa. Antes de llegar a Melilla o a las costas andaluzas, las mujeres pasan meses malviviendo en Oujda localidad marroquí fronteriza con Argelia o en los bosques de Nador, a 90 kilómetros de Melilla.

La policía marroquí conoce la existencia de los campos de subsaharianos y patrulla alrededor para disuadir a los curiosos de que entren. Cada una depende de un solo hombre, pero las utilizan muchos otros. Primero las viola el jefe y luego el resto. Los niños son su pasaporte. La antesala de la Península son los campos del bosque: Chantal —nombre ficticio—, camerunesa, habita desde hace siete meses junto con sus hijos y decenas de subsaharianos en Bolingo, uno de los campos.

Habla en un lugar seguro de Nador. La policía viene todo el rato. En una redada, me llevaron a Rabat y después volví. Que no hay comida todos los días, pero que lo poco que consigue, lo guarda para sus hijos, de seis y cuatro años, que hoy la acompañan.

El sueño de mi vida es que mis hijos coman, duerman y vayan a la escuela. Que tengan las oportunidades que yo no he tenido. Chantal espera ahora su oportunidad para cruzar el Estrecho en una balsa hinchable. Dice que la presencia de redes y abusos en los campos es un secreto a voces, pero asegura que ella no tiene nada que ver con todo eso. Les cambia la cara y se dan media vuelta. Las que llegan en patera a Melilla o se cuelan camufladas por la frontera, acaban en el centro de inmigrantes.

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